Aunque no lo sepas, has contratado a una niñera. Tecnológica

Qué no hacer en educación digital

 

Las pantallas captan rápidamente la atención de los menores y pueden llegar a pasar más tiempo con ellas que con sus propios padres. Muchas veces, el cansancio de los adultos y la falta de tiempo, son lo que nos hace abusar de las pantallas, echando mano de la niñera tecnológica.

La niñera tecnológica está disponible siempre que se necesite, da igual la hora, el día y el lugar, es barata y nunca se queja de la enorme carga de trabajo asignada. Esta niñera tecnológica es más conocida bajo el nombre de wifi.

Sin malas intenciones recurrimos de forma desesperada a la niñera tecnológica para obtener un rato de calma o “salvar” una situación: que los niños se coman todo el plato en un restaurante, paliar rabietas descontroladas en la calle o viajar con ellos en coche durante trayectos largos.

A veces los padres nos equivocamos, y no pasa nada. Lo importante es tomar conciencia de ello y tenerlo en cuenta para no repetirlo habitualmente en el futuro.

Estos son los “clásicos” desaciertos que cometemos en educación digital:

Entregarles su primer móvil sin ser conscientes de lo que conlleva. Seguramente el hecho de comprarle el primer móvil a un hijo te parezca una decisión importantísima que implica tiempo y reflexión, pero lo cierto es que, sin saberlo, es muy probable que ya le ya le hayas hecho entrega de su primera pantalla. Eso sí, en forma de tablet en lugar de smartphone. Hoy en día se pueden hacer prácticamente las mismas cosas con ambas (acceso a redes sociales, apps, acceso a Internet, etc.) por lo que es importante que fijemos también ciertos límites en el uso que hacen de sus tabletas.

Darle un móvil de alta gama que antes era tuyo. Renovar nuestro móvil y darle el antiguo a nuestro hijo (un móvil “antiguo” que probablemente tenga un valor económico elevado) es todo un clásico. Si nos parece un despropósito comprarle un primer móvil de gama alta, ¿por qué le entregamos uno de ese valor con la excusa de que “es viejo y está usado”?

No poner límites. Al igual que la comida, bebida o cualquier otro aspecto de nuestra vida, se trata de buscar el equilibro y enseñarles a usar estos dispositivos de forma moderada y responsable. Para lograrlo, podemos seguir unas ciertas pautas a la hora de limitar y orientar el uso de las nuevas tecnologías en nuestros hijos.

Utilizarlo como distracción, sobre todo para calmar rabietas. Aunque consigamos nuestros objetivos a corto plazo, esta actitud no resuelve el problema sino que lo enmascara centrando el foco de atención del niño en otra realidad, es decir, distrayéndolo. De esta manera se crea un “parche” que no resuelve el problema de fondo, acaba creando dependencia e impide a los padres enseñar a tolerar la frustración.

Abusar de los juegos tecnológicos. Hoy en día la mayoría de los juegos que no implican un esfuerzo físico -como el pilla-pilla o el escondite- tienen su versión app. Tres en raya, ajedrez, trivial, apalabrados, etc. Por muchas ventajas que tengan las aplicaciones móviles, es importante estimular a nuestros hijos a jugar a otros juegos, los de toda la vida, de forma real y no virtual, desarrollando así habilidades sociales y disfrutando de la compañía de los demás.

Las pantallas como única fuente de diversión. Asegúrate de que se divierten con otras actividades: jugar con una caja de cartón, abrir un libro, tocar distintas texturas, cantar, bailar, practicar algún deporte o tocar un instrumento. No podemos desatender esas otras actividades que enriquecen su imaginación, y nos hacen pasar buenos ratos junto a ellos. Al mismo tiempo, las pantallas pueden ser una ayuda en este contexto: ¿no te habría gustado tener cursos de guitarra gratis que pudieras consultar cuando quisieras? ¡Ser autodidacta es más fácil que nunca!