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Cinco consejos para promover la convivencia y evitar el ciberacoso

Por José Antonio Luengo, psicólogo del Equipo para la Prevención del Acoso escolar de la Comunidad de Madrid *.


En los últimos 15 años, pero especialmente, en los últimos cinco, las modificaciones que se han producido en el modo en que gestionamos (y vivimos) las relaciones interpersonales tienen un efecto insondable, difícil de medir y tasar. Y objeto de no pocas interpretaciones y lecturas. Todas legítimas, por supuesto. Una de ellas, con la que me siento identificado es que no estamos haciendo las cosas bien. Dando por incuestionables y entendibles las profundas mejoras que en determinados aspectos que tienen que ver las TIC con la vida de las personas (entre las que, sin duda, se encuentra la posibilidad de comunicarlos e interrelacionarnos sin que las distancias sean un problema u obstáculo), el modo en que adultos, pero también niños, niñas y adolescentes, hacemos uso de ellas (en ocasiones, también, abusando de su uso y, en otras, accediendo a contenidos muy cuestionables) me parece inquietante. Muy inquietante. Y de efectos indeseables no pequeños, ni mucho menos, en el desarrollo de muchos ámbitos; entre otros, las propias relaciones interpersonales.

Venimos como quien no quiere la cosa, acostumbrándonos a estar y ser en la vida (en la propia y en la de los demás), despreciando (y reduciendo) aspectos sustanciales de la relación entre las personas (la mirada, el tacto, el contacto, el abrazo, la conversación; incluso, el estar sentado, juntos, sin hacer otra cosa que mirar el paisaje que tenemos en frente, juntos nada más…), y del modo en que gestionamos y vertebramos nuestra propia vida (el valor, por ejemplo, que damos a nuestra privacidad, y a la de nuestros hijos, exponiendo y exponiéndonos con muy escaso reparo en no pocas ocasiones).

Ciberconvivencia: nuevos retos educativos que abordar

La vida en la red¹ tiene muchas sombras. Que ya no pasan desapercibidas. Que muestran sus fauces y efectos en forma de comportamientos y hábitos de vida escasamente saludables. Y nocivos para nuestra salud mental y estabilidad. Ciberconducta y ciberconvivencia² , una manera de concebir la vida y convivir. Fenómenos como el “phubbing” (priorizar de manera desconsiderada la consulta e interacción con nuestro móvil por encima de la relación que mantenemos in situ con alguien), el “vamping” (el uso de los dispositivos móviles durante la noche, que “roba” y reduce el descanso y las horas de sueño), el conocido como “fomo” (fear of missing out, miedo a perderse algo), o las grietas en la privacidad (la exposición casi sin filtros en la red, con derivadas, por ejemplo, como el sexting, o envío de contenidos de tipo sexual (a través de texto, fotografías y/o vídeos) producidos normalmente por quien envía el mensaje, a otras personas utilizando lo dispositivos móviles) suponen no solo una amenaza para la salud física y mental, sino también, un reto a abordar desde la educación. En casa y en los centros educativos.

¿Educamos jóvenes hiperconectados e impacientes?

El resultado, muchas veces, son adolescentes hiperconectados, individualistas, muy impacientes. Y muy lastrados por el excesivo uso de los dispositivos y el acceso a contenidos absolutamente inadecuados. Sin apenas control. Con riesgos dramáticos que también dan la cara y muy de actualidad: la adicción al móvil, el acceso al mundo de las apuestas, al porno, los contenidos violentos o las páginas que hacen apología de determinadas enfermedades, como los trastornos del comportamiento alimenticio, las autolesiones o las informaciones sobre el suicidio…

El estudio sobre la violencia viral que afecta a nuestros niños, niñas y adolescentes es imprescindible. De especial interés es el reciente informe de Save the Children sobre esta incuestionable lacra.

Y, por supuesto, el ciberbullying o ciberacoso. Hablamos de una agresión de naturaleza emocional y psicológica, intencionada y repetida en el tiempo, que es cometida por uno o varios individuos contra otro u otros, sirviéndose para ello de las nuevas tecnologías.

Debemos tener en cuenta, no obstante, que una sola acción de esta naturaleza puede causar un daño devastador por razón de la difusión de la misma en redes sociales. Podrá plantearse, por tanto, que no se trata de una acción repetida en el tiempo; sin embargo, el carácter viral con el que estos hechos suelen desarrollarse en redes sociales por la difusión instantánea y estable de los mismos nos obliga a enmarcarlos en el escenario del ciberacoso o ciberbullying.

Se trata de un fenómeno, desgraciadamente al alza, agrandado por la ominosa y deleznable conducta de jalear y aplaudir el daño a otros y la espeluznante capacidad de magnificar el daño y el sufrimiento que aportan las nuevas aplicaciones y dispositivos.

Un reto que nos atañe a todos

Según el estudio realizado por Save the Children sobre el acoso y el ciberacoso en nuestro país, “Yo a eso no juego”, el 5,8% de la población adolescente declara que sufre ciberacoso de forma ocasional y el 1,1% frecuentemente. Padres y centros educativos tenemos que desarrollar acciones que permitan reducir lo más posible estas prácticas y, minimizar los efectos terribles en forma de sufrimiento que viven un número muy importante de nuestros hijos y alumnos.

Porque este, como el tratamiento del acoso, es un problema de todos. Un problema, una suerte de enfermedad social, que se contagia como un virus pero que surge de modelos inadecuado de comportamiento y del laissez faire con el que nos manejamos en el mundo adulto.

Necesitamos dar respuesta consistente, adecuada y estable. Algunas ideas al respecto:

  1.  Es imprescindible abordar todos estos problemas como retos. De forma integral y consensuada. La ciudadanía digital representa la línea de salida desde la que abordar los entresijos de esta profunda dolencia social. Existen proyectos de mucho interés al respecto. A modo de ejemplo, está el proyecto Segureskola.
  2. Necesitamos informarnos, sensibilizarnos y formarnos todos. Y especialmente nuestros niños y adolescentes. Puede resultar de interés la entrevista sobre estos contenidos alojada en la web de El País (Aprendemos juntos)
  3. Es necesario asimismo que padres y madres tomemos conciencia de lo que está sucediendo y de nuestra responsabilidad. Recomendamos la web de la escuela de padres de Save the Children y, de modo singular, el curso on line y los materiales sobre el papel de los padres en el acoso y el ciberacoso. Los materiales pretenden aportar luz e ideas sobre el fenómeno, sus características y sobre cómo actuar.
  4. Los centros educativos han de actuar. Sin lugar a dudas. Desde el trabajo en la acción tutorial y el desarrollo de programas preventivos y de intervención eficaz en casos detectados. Dos materiales recomendables son: “Ciberbullying, prevenir y actuar: Guía de recursos didácticos para centros educativos” de la Fundación AtresMedia y ACOP Madrid; y “El acoso escolar y la convivencia en los centros educativos. Guía para el profesorado y las familias”, de la Comunidad de Madrid.
  5. Hemos de educar en el respeto y la consideración de la ayuda al otro. Educación para la solidaridad, para el compromiso de hacer lo que esté en nuestras manos para contribuir al bienestar, al menos a la escucha, de quienes están viviendo situaciones difíciles. La bondad entendida como valor supremo. Bondad entendida como valentía³ para ayudar, para acoger, acompañar, a quien más lo necesita.

 

 

* José Antonio Luengo es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Psicología Educativa y Experto en Intervención en centros educativos problemáticos.
En la actualidad es miembro del Equipo para la Prevención del Acoso escolar en la Comunidad de Madrid y Secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Durante diez años (2002-2012), desarrolló su actividad profesional en el Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid. Autor de numerosas publicaciones y colaborador de referencia en iniciativas relacionadas con la convivencia y acoso escolar, es también el creador del blog Educación y desarrollo social.


¹Luengo, J. A. (2019). La vida en la red. En El acoso escolar y la convivencia en los centros educativos. Guía para el profesorado y las familias (pp. 291-315). Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid. Recuperado de: http://www.madrid.org/bvirtual/BVCM016443.pdf

² Luengo, J.A. (2018) Ciberconducta y ciberconvivencia en la adolescencia: Tenemos mucho que hacer y que aprender. En Revista del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid (pp. 14-18). Recuperado de: https://www.cdlmadrid.org/wp-content/uploads/2018/01/062018.pdf

³ Luengo, J. A. (2018). El jardín de los abrazos. Editorial sentir. Recuperado de: https://editorialsentir.com/libros/senticuentos/el-jardin-de-los-abrazos/


 

 

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